domingo, 4 de abril de 2010


Sabemos que la fotografía repite únicamente lo que nunca podrá repetirse existencialmente, a raíz de esto, la idea que impera en el espacio exterior es la posesión de un pedazo de tarde rural, de un color añejo, de un personaje anónimo que habla desde su silencio, con una mirada de un mundo interior correspondiente a la escenografía de lo narrado.

Esta fotografía ha sido objeto de: hacer y mirar. De acá se desprende el retorno de lo muerto, la ausencia de aquello que iconicamente es imposible de encerrar en una estructura, no se puede representar la muerte, porque la representación de la muerte no está en la representación iconica de un cadáver ni de nada por el simple hecho de que se trata de elementos no físicos.

La foto da lugar al surgimiento del misterio de la concomitancia. Porque esta no dice lo que ya no es, sino solamente lo que ha sido. Por lo tanto, la foto ratifica lo que representa.

El punctum se me presenta como el mayor lugar de atención, logra una fijación retiniana, recuerdos y preguntas: las piernas de la anciana, cubiertas por pantys y botines, que a manera de expansión no solo me remite al cuerpo que veo, sino también a recuerdos que animan a iniciar la aventura. Esta fotografía arrastra algo más que un simple referente, trae la idea de un Ayer, que es Hoy, pero también Mañana, en otras palabras una permanencia, una cristalización, la posesión del momento y del lugar con todo lo que eso implica, por la obtención de un pieza (la fotografía), una más que se inserta al rompecabezas, al espejo inacabado, pues la autoconciencia crea otro Yo, el hecho de que la conciencia se hace así misma objeto de conciencia: se sabe.

La fotografía es “el advenimiento de yo mismo como otro” algo similar a lo que Baudelaire llamó “Estado de espejo”. Pero en verdad no hay ser, solamente acontecer. Nada es. El ser es nada. Todo transcurre. Si es finito nunca es porque siempre transcurre, pasa deja de ser. Si es in-finito es Nada, porque es in-concebible.

No hay cosas queridas hay cosas que nos recuerdan el querer, la foto no es más que fotografía. Tu sentimiento enciende la luz. Las cosas en sí, son opacas.

La luz, si se encuentra hay que re-vivirla, re-crearla. Y nunca será lo mismo. No hay que confundirlo con los recuerdos. Como enseñaba Pascal, la única realidad es el presente. Solemos olvidarlo, trocarlo por recuerdos, por lo sido o por esperanzas, lo no sido.

Además, lo que emerge en una imagen fotográfica es una paradoja: luz=ausencia.

El mayor error del hombre es des-vivir el presente haciéndolo pasado, volcándolo sobre moldes del pasado y transformando de este modo el devenir en horas que se repiten, amores que se repiten, soles que se repiten.

Como operador y spectador, la mirada varía, en un comienzo el objetivo era captar determinado momento con cierto enfoque, en cambio, como spectador se agudiza la mirada y lo que en un principio se buscaba puede que esté logrado y puede que no, independiente de esto hay un elemento en la fotografía que inquieta y atrae, el punctum, factor que nos relaciona más intimamente con la fotografía, le proporciona a la foto un campo ciego.

La fotografía, proporciona una serie de elementos, que deleitan cierto fetichismo, como la vestimenta de la anciana, su malla verde, sus botines, el letrero del Pan; todo denota un lugar lejos de la cuidad, donde nunca pasa nada. La luz de la tarde genera sombras en el mismo instante en que la anciana, sola, sentada en al orilla de una banca espera algo o alguien, en la demora, la maté.

A este acto comúnmente denominado “fotografiar”, también se le denomina asesinato blando, como violación simbólica en un tiempo cero.

El ordenamiento natural de los elementos en la foto es un modo de concebir la relación entre luz y sombra como realidad y símbolo, divinidad y misterio.

La luz modela la figura y las cosas, hace cantar los colores, se le da más valor a los tonos para transformarse en una sombra que rodea a los elementos.

La luz se hace símbolo que da vida a la materia, en esta foto se siente con menos fuerza, es la luz del ocaso, que indica que va a caer la noche, que las sombras se perderán en ella, llamemos entonces a la sombra como la prolongación de la muerte – la oscuridad carece de vida-. A esto se suma la anciana que tranquila espera descubrir dentro de la luz una luz más pequeña que es oscura. La estética de la huella.

La fotografía no reproduce objetos sino cargas semánticas.

La fotografía es un objeto totalmente pragmático, para mí una cosa para ti otra.