martes, 9 de septiembre de 2008

Historia del rostro II


“Entonces, cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen (…) es yo lo que no coincide con mi imagen; pues es la imagen la que es pesada, inmóvil, obstinada (…) y yo soy quien, soy dividido, disperso (…) Pues la fotografía es el advenimiento de yo mismo como otro; una disociación ladina de la conciencia de la identidad (…) representa ese momento tan sutil en que, a decir verdad, no soy ni sujeto ni objeto, sino más bien un sujeto que se siente devenir objeto; vivo entonces una microexperiencia de la muerte (del paréntesis): me convierto verdaderamente en espectro.” (R. Barthes)


2 comentarios:

Pamela Catalán Segovia dijo...

Quiero escribir algo de lo que me pasó con esto, pero es como que se está incubando en mi interior un algo que va a brotar de lengua espesa.

Y me encanta ese paréntesis mortuorio de la fotografía. Definitivamente.

franco dijo...

Miedo al olvido, incluso en su forma espectral. La micromuerte a través de la imagen preparando la macrodisolución de la carne, la muerte como un gran acto fotográfico que deviene en espejo, porque ya nada se registra en la sombra del negativo. La imagen es preparación para la nada.(ufffffff, estos orgasmos intelectuales que me detonas, amiga,un beso, te quiero, chau!).