Como lágrimas en la lluvia
Tras haber leído el texto que, hace uno días, una amiga publicó en su blog ... tuve la sensación presente de esas viejas historias que fueron una gran herida, que desparramaron sangre, penas y plaquetas por toda la ciudad.
Un día, entre historias de hombres amados que murieron despedazándose en los acantilados, heridas que me seguían toda la jornada, noches limpias a fuerza de llantos...tuve la facultad de ver, a través de mis párpados y vi cómo un hombre golpeaba a su hijo,vi el cadáver de 300 ratas en un alcatarillado, vi por cinco segundos un hombre cayendo por el edificio más grande de la ciudad, vi todos los escupos en todas las veredas, miré a una mujer que pasaba frente a mi y vi que en su espalda cargaba cuatro muertos, vi a miles de pájaros muertos sobre sus nidos, un hombre que enterraba una semilla todos los días.
Sin embargo, "todos esos momentos se perderán, como lágrimas...en la lluvia" (Blade Runner)
¿Quién recuerda aquel pasaje de Rayuela?
"Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro. Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza"
Cerca y lejos. Cerca y lejos fue como encontré a todos estos muertos a mi lado, los golpes desdendientes de un gran golpe, pude ver sus vidas en un solo cadáver.
La humanidad tiene tantas caras como tristezas pueden habitar un cuerpo.
domingo, 3 de agosto de 2008
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2 comentarios:
Ese desplome cotidiano siempre he llegado ha experimentarlo como una especie de purificación, concepto muy cercano a la catarsis griega. Es decir, cuando la tristeza se presenta en la carne como el devenir de un hijo insalubre, la liberación de ese feto condenado a alimentarse del que lo refugia se hace patente con la fuerza de la luz. Quizá ello es producto de mis interiorizaciones espirituales, lo que no mitiga ni disminuye el dolor. En realidad lo muta en perdón, en palabra poética transformadora. Te quiero ene, amiga. Un abrazote.
Qué curioso como formamos una trenza de palabras y de dolores sin rostro, pero que pesan igualmente en el interior de cada uno, como una ley que aplica para todos.
Un honor, trenzarme en la escritura de ustedes...
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